Atras


LOS PUYAZOS DE SERGIO.
Por: Sergio Martín del Campo. R.
Fotografía del Autor
Fecha:
2017-11-27 14:52:09

Los vicios del jinete de Navarra, España, Pablo Hermoso de Mendoza –con años bastantes de practicarlos en todos los anillos de lo que aún llamamos patria- resultan ofensivos en alto grado. Meterse a pésimo mercader de ganado, se supone que de lidia, ante la actitud contemplativa del monopolio empresarial, solamente sucede en México y además ante una prensa que todo le elogia, pues está comprometida con el amafiado sistema y no con el espectáculo taurómaco.

No se puede soportar que sin seriedad y mucho menos categoría se anuncie en el primer segmento de la temporada en la vieja plaza de la “Ciudad de los Deportes”, también se supone, con dos toros por designar; esto para dejar a sus anchas al peninsular a que a última hora escoja reses de probada mansedumbre. Y así, todavía, impúdicamente hasta se imprima en el papel propagandístico el numerito.

¡Vaya paquetito que cobra en altos emolumentos!

Fácilmente se adivinaba lo que le soltarían de toriles. Fueron dos bóvidos descastados, de modesta presencia –la gordura no es sinónimo de trapío-, cómodos en todos sentidos y garantizadores de mínimo riesgo y compromiso, desde luego quemados con la figura de uno de los más enconados enemigos de la fiesta brava: Bernaldo de Quiros.

“Vendrán lobos vestidos con piel de oveja”.

El resultado fue el esperado: Bastantes florituras y la demostración de la alta doma de sus caballerías; esto delante de un par de ungulados a los que tomó por clavijeros para encajarles los hierros propios del toreo, igualmente se supone, a caballo.

Adquirió la desaprobación de unos y la indiferencia de otros. Nada novedoso sucedió con él una vez abrochada la función.

Para los de a pie se liberaron seis ejemplares de Jaral de Peñas los cuales conformaron una partida de buena presencia pero, contrario a lo que se esperaba, dada la política de su criador, ofreció un juego desigual, más bien declinado al descastamiento y las complicaciones.

Arturo Saldívar fue el único en cortar un apéndice. A él le correspondió el mejor burel en el sorteo. Salido al escenario, dio mala lidia en los dos primeros tercios, pero en viendo la muleta se entregó a ella y la embistió con casta, poder, claridad y buen estilo, virtudes que le fueron reconocidas con el arrastre lento. El espada de origen teocaltichense pero nacido en Aguascalientes, formó una trasteo atrabancado, de relumbrón, con momentos excelentes pero otros escandalosos y de bárbaros altibajos entre que el toro se lo comía y, contradictoriamente, le dispensaba errores relacionados con la colocación, el son y el temple durante todo el fascículo muletero. Luego de hallar hueso en el primer viaje con el arma, mató de una estocada caída y tardía mas agregado un descabello.

Lo más torero de la tarde corrió a cargo del joven aguascalentense Leo Valadez quien con calificación aprobatoria ratificó su investidura de doctor en tauromaquia. Su lote fue complejo, pero con talento, carácter, actitud, y sin la frialdad de otras tardes, estuvo por encima de ambos antagonistas. Su muleta la mantuvo siempre bien cuadrada y las zapatillas firmes.

Por ahí anduvo Cayetano, que además de torear le hace al “modelaje” en Europa. Sin razón ni fundamentos taurinos fue incluido en este cartel y medio le hizo la lucha ante un lote no muy apto como para el éxito, resultándole una desencantada actuación.

 
   

Noticiero Taurino

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