Atras


LOS PUYAZOS DE SERGIO.
Por: Sergio Martín del Campo. R.
Fotografía del Autor
Fecha:
2017-11-20 10:59:12

El interesante asunto de los indultos demanda espacios más amplios que los que puede ofrecer una cuartilla.

Cuando es concedido a un toro su retorno a la dehesa, se supone que es, además de con otros objetivos, para dar continuidad a su ya probada progenie.

Si merecía o no el continuar con vida “Maestro” del hierro de Villa Carmela, es tema de otras hojas. Lo cierto es que Luis David Adame nuevamente demostró una intuición muy amplia para comprender las distancias, terrenos, espacios y tiempos de los adversarios, lo cual ha logrado con rapidez notable.

Su desempeño ante el mencionado cuadrúpedo fue con varios apuntes propios no de un joven con poco de alternativa, si no como de un experimentado espada.

La faena ya se puede etiquetar con la calidad de ser la más importante que haya logrado el aguascalentense en su corta carrera.

Fresco, variado, siempre bien colocado, con temple, clase y buen gusto, dio solución a todas y cada una de las embestidas de inmejorable estilo que ofreció el bóvido durante toda la lidia.

Como el soberbio e incorregible sistema taurino mexicano está para complacer y chiquear a los que figuran y no para proteger los derechos e intereses de un público ingenuo, aguantador y pagador pero cada vez más escaso, la empresa de la plaza de la “Ciudad de los Deportes” pactó a dos de los diestros más importantes, tanto de aquí como de allá, para que sostuvieran un mano a mano y así abrir la campaña, se supone que Grande, 2017-2018; eso sí, con seis terribles y peligrosos dragones de Teófilo Gómez.

La función resultó de lo más normal para la política que de años se practica y se aplica sin remordimientos. La mansedumbre estaba garantizada y el peligro disminuido.

Seis rumiantes de escaso atractivo físico fueron desfilando por el anillo y ante un público que lejos estuvo de llenar el gigantesco embudo, cuando se supone que debió haberse atiborrado según la importancia de los actores y de una fecha señalada como fue la de inauguración de campaña. Mal comienza la semana para el que ahorcan en lunes, dice el conocido y popular refrán. Y sí, la temporada despegó mansamente, como mansos fueron todos los bóvidos de los Herederos de Teófilo Gómez, apegados que están, como estuvo el fundador de esta dehesa, a la nobleza mal entendida de sus pupilos.

Julián López Escobar, “El Juli”, fue el único que cortó una oreja, esto a la res que abrió plaza, un bicorne prototipo del “toro moderno” propio para el toreo “que gusta hoy”, dicen los llamados “taurinos”; es decir, un animal “estilizado”, sin trapío y, lo peor, descastado, de mínimo peligro que pasa y pasa apuradamente tras los engaños, saliendo con la testa por las estrellas y “dejando estar” a quien lo torea, si es que el enfrentar semejantes bueyes se puede llamar toreo. Desahogado anduvo el madrileño, como del que trae años de ser figura y cumplida una abundante agenda europea en donde la fiesta es de toros, no de toreros. ¡Qué chiste tiene lo que hizo! Me dijo un amigo al apagar el televisor…

Pero hay quienes se conforman con lo estético, pues ya perdieron el verdadero sentido de la fiesta brava.

Joselito Adame firmó la hoja de su actuación con un par de silencios y palmas.

Nada extraordinario, el de Aguascalientes anduvo tranquilo, sobrado, con el oficio que ya tiene, pero en una tarde ordinaria, sin relevancia.

 
   

Noticiero Taurino

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