Atras


LOS PUYAZOS DE SERGIO.
Por: Sergio Martín del Campo. R.
Fotografía del Autor
Fecha:
2017-11-18 11:23:01

Los sentimientos hondos, gestados en el intocable y sagrado cimiento del alma, rebasan casi todo; dejan atrás perjuicios y prejuicios hasta hacerlos desaparecer.

Su mano izquierda, construida por otras dimensiones, es la mejor, la más natural para manejar la muleta sin ayudado que haya visto en vivo el que esta cuartilla firma. Nunca se marcó en las placas de la historia mundial de la fiesta brava una siniestra tan diestra. “La mano izquierda es la de cobrar”, reza el refrán taurino.

Pero despedía energías de soledad, de abandono, de ausencia, como si se hubiera ido del mundo, del pensamiento, del estado planetario.

Apenas cortada la coleta en el eje del anillo de la Monumental de Aguascalientes, que sintió sus escaños ocupados totalmente (1 de mayo del 2005), tomó a su vástago en un brazo y con el otro dijo enfáticamente adiós. Como que quería alejarse mucho de la órbita taurómaca y entregarse a sí mismo, como que invocó a una transustanciación y aparecer en algún sitio remoto aunque hubiera sido en su Aguascalientes; como si quisiera que por ningún motivo la fiesta jamás le fuera a demandar más aportaciones ni fuera, ni mucho menos dentro de los redondeles.

Torero sobrio, clásico, formidablemente educado en la disciplina de la tauromaquia práctica (hijo, sobrino, y hermano de toreros) nunca gustó de confeccionar sus trasteos con adornos llamativos; poco o nada inclinado a los rodillazos, la profundidad de sus faenas la basaba en el temple y el ritmo y en las suertes fundamentales, destacando el natural, “su natural”, y su eficacia en la suerte suprema.

Con la calidad sobrada como para haber triunfado rotundamente en España, si el sistema imperante no hubiera sido adverso y no se hayan cerrado con él las puertas a los mexicanos, nos conformamos con una salida por la Puerta Grande del coso de la capital ibérica durante un festival en honor a, ya para entonces postrado en una silla de ruedas, Julio Robles.

Unos zurdazos de dinámica anatomía nunca antes vistos irrumpieron sobre el dorado albero sevillano. Era un mexicano en estado de arte puro que inspirado, inspiró a la banda de música a que lanzara sus notas, mientras que el público, con acreditación de tener una enorme capacidad de apreciación hacia lo bello, en pleitesía a la magia demostrada, se levantó de sus asientos para homenajear semejante serie de naturales.

Junto con Jorge Gutiérrez y Davis Silveti formó la tercia que mandó en la fiesta nacional durante los noventas y parte de la década del dos mil.

Si, Miguel Espinosa “Armillita” tuvo el don de emocionar a través de su oficio: el toreo.

Pese a que los gobiernos aguascalentenses no sean capaces de velar por los intereses de un público aguantador, noble y pagador aplicando auténticamente el reglamento, “deben ser muy taurinos”, y por supuesto que no se les iba a pasar rendir un homenaje post mortem a semejante personaje de la tauromaquia.

Nunca visites panteones,/ Ni llenes tumbas de flores,/ Llena de amor corazones,/ En vida, hermano, en vida… (Ana María Rabatté; fragmento).

Círculo es la existencia, y mal hacemos/ Cuando al querer medirla le asignamos/ La cuna y el sepulcro por extremos./ Y después de esta vida transitoria/ A la que tanto nuestro afán se adhiere/ La materia, inmortal como la Gloria/ Cambia de formas, pero nunca muere. (Ante un cadáver, Manuel Acuña; fragmento).

 
   

Noticiero Taurino

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