Atras


LOS PUYAZOS DE SERGIO
Por: Sergio Martín del Campo R.
Fotografía del Autor
Fecha:
2017-10-14 14:15:37

La semana anterior concluyó su ciclo de existencia terrena un personaje con sonado y célebre nombre en cuanto a la crianza de toros de lidia se refiera: Victorino Martín.

Exactamente la defunción de este criador se registró el 3 de este mes que transcurre y debido a una insuficiencia de tipo cerebral y en su finca campera de Monteviejo.

El inteligente amo de la casa ganadera a la que puso su propio nombre, había nacido en Galapagar, Madrid el 6 de marzo de 1929, es decir, su fallecimiento entonces se dio cuando contaba con 88 años de edad.

Victorino Martín escribe la primera hoja de su egregia historia como ganadero de lidia, cuando decide mercar reses quemadas con la figura de Escudero Calvo, cuyo basamento genético era del Marqués de Albacerrada. Esto en 1969.

Teniendo ya en sus potreros semejante manada de bicornes, entonces saca al hombre intuitivo, sensible, firme y acertado y poco a poco, no sin demasiados trabajos, troquela un toro tan marcado en comportamiento y fenotipo que no tarda la crítica en llamarlo “Victorino”. Si, se distingue el toro de este hombre con tan solo apreciarle ocularmente…

Se trata de un bóvido más bien bajo, largo, de frecuentes astas veletas, cárdenos en su mayoría, que en los anillos mantienen a los actores y al público atentos y concentrados; con la bravura, esencial característica de los bureles del galapagareño, no se juega y nadie se divierte… prevalece siempre el riesgo y los asistentes a los circos llegan a lograr plenamente la emoción.

Si, la bravura es y fue para Victorino la pureza de su razón y existencia de la tauromaquia.

Con estas diáfanas ideas del toro de lidia, Victorino, en más de dos sentidos, recobró el protagonismo e importancia como de la figura del ganadero en el negocio que supone el espectáculo taurino.

Por su puesto se trata de una leyenda que defendió con aguda inteligencia la ética y la honra de la fiesta brava.

¿Triunfos?... meramente imposible sería el siquiera tratar de enumerarlos en esta cuartilla; quede solamente acotado en este sencillo recuerdo que dos de los toros más famosos en toda la historia de la tauromaquia mundial fueron criados en los agostaderos del legendario ganadero: “Velador” y “Cobradiezmos”.

El primero, cuya historia en la finca es interesantísima, ha sido el único toro en lograr el retorno a sus pastos en la Monumental madrileña; al fino espada José Ortega Cano le correspondió el honor de lidiar a tan bravo, noble e incansable burel aquella tarde del 19 de julio de 1982.

El segundo igualmente se granjeó el regreso a sus potreros tras enloquecer a los entendidos con su bravura, casta y nobleza inauditas sobre el albero dorado de Sevilla el 14 de abril del 2016. Muy por debajo quedó un Manuel Escribano entusiasta, alegre y dispuesto en todo momento, pero muy modesto en manifestación plástica como para haberse nivelado ante la inaudita res.

Hoy que la defunción de una leyenda de la ganadería brava se atraviesa en nuestra rambla, llegan al campo de la reflexión una cascada de cuestionamientos. ¿En México hay ganaderos del nivel de Victorino? Por su puesto, los ha habido y los hay –no los menciono por no cometer el imperdonable pecado de la omisión-, sin embargo el amafiado sistema que maneja la fiesta, en el cual se licúan muchos sectores, ven la bravura como la mayor ofensa que se le puede hacer a los que figuran…

 
   

Noticiero Taurino

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