Atras


ENTREVISTA ESPAÑOLA A JORGE NEGRETE
Por: Redacción.
Fotografía del Autor
Fecha:
2017-10-04 10:55:38

NEGRETE habla para «El RUEDO»
El popular actor se compadece de las gentes que no tienen la Fiesta en su paí
Una vaquilla de la ganadería de Rancho Seco cortó en flor mis aspiraciones taurinas afirma NEGRETE

CUANDO penetro en las suntuosas habitaciones que Jorge Negrete ocupa en este céntrico hotel, descubro muchas caras conocidas.

Está animada la escena. En el centro de ella ensaya Jorge Negrete. Le acompaña a la guitarra el "Trío Calaveras'. En uno de los ángulos de la sala dialogan los actores Fernando Galiana y Angel de Andrés, y en otro ángulo, bajo los amplios ventanales que bañan con chorros de luz la escancia, José Gutiérrez de Miguel se esfuerza denodadamente en ordenar la impresionante, por numerosa, correspondencia del gran artista mejicano.

Mientras termina el ensayo dialogo con Gutiérrez de Miguel, que me brinda un par de curiosos datos.

El primero es una carta que dice así:

“Tengo cinco años, y desde que era pequeñita tengo muchas ganas de verle.- Alicia Ibeas”.

Tiene más interés la segunda información. Es una simpática misiva del párroco de Aldeanueva, Carranza, Vizcaya. En la carta informa el sacerdote que la espléndida Catedral de Méjico es una reproducción exacta de la iglesia de Aldeanueva y que en este templo fué bautizado don Pedro de Negrete, ultimo virrey de Méjico, caballero cubierto ante el rey y antepasado del actor, mejicano.

-Jorge cooperará a la reconstrucción de ese templo—me dicen. Ahora es Fernando Galiana quien reclama mi opinión sobre unos versos suyos dedicados a Negrete que piensa leer en un festival homenaje al artista mejicano. Concluida la lectura, felicito a Callana sinceramente. Es magnífica la composición.

JORGE NEGRETE HABLA PARA “EL RUEDO”
-¿Vamos a charlar un poco de toros Jorge?- digo al as de la pantalla azteca.

-Vamos -concede sonriendo el interrogado-. Vamos a charlar de todo lo que quiera sobre la Fiesta, menos de esa desdichada película “Seda, sangre y sol”, que no tuve más remedio que interpretar.

-No hablaremos de eso -prometo-. Empecemos por el comienzo: ¿le gustan los toros?

-Con pasión -es la rápida respuesta de Negrete-. Creo que la Fiesta es el espectáculo por antonomasia. No cabe más estética, trascendida de infinita y varia policromía. ¡Y luego –añade tras breve pausa-, se ve en el ruedo tan esplendorosamente el espíritu y la sangre brava de una raza! Algo incomparable.

Jorge Negrete es fácil de palabra y sencillo de expresiones.

-Mire -prosigue ahora-: cuando me he encontrado en países donde no hay festejos taurinos, he dicho más de cien veces “¡Ay, pobrecitos! Vivir ustedes sin corridas de loros, ¡qué aburrido su país!"

-Naturalmente. Jorge –observo-, que siempre le soltarían aquello de la piedad hacia el martirio del toro.

-Exacto -responde mi interlocutor-. Y yo siempre les objetaba así: “Bueno; pero el toro, ¿no es para comérselo? ¿No son todos los animales para alimento del hombre? Entonces, ¡qué diablos, ni qué Sociedades Protectoras! Es mucho más bonito dar muerte a la fiera permitiéndola luchar, e incluso dándole una posibilidad de indulto, que no hacerla caer bajo la puntilla del matarife.”

UNA TIENTA EN RANCHO SEGO Y UNA ESPERANZA TAURINA MENOS
-¿Ha toreado usted, Jorge, alguna vez?

-Varias, ¿sabe? ¿Qué hombre de nuestra raza no tiene ensoñaciones laurinas? Siempre es, en nuestros países, ser mucho, ser maestro en la tauromaquia. Pero mis ilusiones toreras me las quitó una vaquilla retozona, jabonera y cornilarga, de la ganadería de Rancho Seco. Fué en una tienta: yo quise hacerme con la res y la res quiso hacerse un acerico con mi cuerpo. Total: un desastre. De salida me propinó el bicho un tremendo varetazo en la pierna: acto seguido, me lanzó al aire, para recogerme como pudo y todo lo mal que sabía. Hasta que me sacaron las ambulancias. Desde entonces veo los toros desde la barrera.

-Y desde la barrera, ¿ha asistido ya en Madrid a alguna corrida?

-Sí, y diga que la Plaza de Toros de Madrid es sencillamente maravillosa. Tiene un hondo sabor taurino, pleno de estirpe. ¡Espléndida de verdad la Plaza!

-Sólo que más pequeña que la del Toreo, en la capital de su país, ¿verdad. Jorge?

-Sí -responde éste con celeridad-. Pero, mire: la Plaza del Toreo es un inmenso cubo de cemento donde se hacinan, en enorme y desorbitado escalonamiento setenta y cinco mil almas. Un coso enorme, pero frío, sin vida, sin posible ambiente. Aparte de que los espectadores de las localidades de arriba han de ver “chaparritos” á toreros y toros. Eso sí, ante la imposibilidad visual de contemplar lo que sucede en el ruedo, se dedican a comentar los sucesos de la semana.

-¿Considera que hay más o menos entusiasmo por los toros en Méjico que en España?

-No tengo aún suficientes elementos de juicio: pero si puedo decir que allá hay auténtica y desaforada pasión. Los más pobres, el viernes ya están empeñando las ropas y enseres que poseen para comprar el boleto de la corrida del domingo.

-¿Qué diferencia encuentra entre las ganaderías españolas y mejicanas?

-Los toros de mi país son más ligeros, de menos peso. No obstante, tienen gran fama los productos de las ganaderías de San Mateo. La Laguna. La Punta, etcétera.

-¿Qué divisa es la que podría compaginarse con la española de Miura?

-Por el viento de tragedia y de terrible leyenda, la Atenco. Luego proseguimos Negrete y yo la charla. Se tocan las nostalgias de ciertos ruedos por ciertas figuras, y al fin, se hacen votos para que todas las dificultades se venzan a mayor, esplendor del arte de Cúchares.

Minutos después. Jorge Negrete y yo hablamos de cine. Quiero decir, pues, que aquí hago punto y final.
F. HERNANDEZ CASTAÑEDO

NOTA DE LA REDACCIÓN: Lo leído es copia fiel del articulo publicado en Madrid, 10 de junio de 1948. Incluyendo el gran aforo al que Negrete llama como “El Toreo”.

 
   

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