Atras


LOS PUYAZOS DE SERGIO.
Por: Sergio Martín del Campo. R.
Fotografía del Autor
Fecha:
2017-10-02 21:24:24

Teniendo la pantalla chica delante, yo vi en su cuadro un “toreo a la Rincón”. Sí, una interpretación práctica y seca de la tauromaquia; una manifestación dura, bien soportada en los cimientos del fundamento, de estructura maciza y conmovedora que no divirtió, como pretenden algunos “taurinos” que provoque a la clientela la fiesta mexicana, sino emocionó de tremenda manera.

Y enfrente tuvo un vendaval de Escolar que en todo momento de su estancia en el anillo atacó con potencia de dragón, pero que su descomunal fuerza y sus demandas de toro encastado se fueron absorbiendo en aquella sarga poderosa y a la que su par de armas siempre encontraron puesta en el espacio correcto, bien abierta, cuadrada y planchada.

Fue un atracado Luis Bolívar, espada marginado por el racista, egoísta y soberbio sistema taurino ibérico, de hace unas temporadas para esta fecha, que canoso, serio e interiorizado expandió una lección de toreo abierto, frontal, severo, triste y hasta discretamente religioso.

Después de lo hecho con tanto respeto muleta en manos, lió el legendario avío, se perfiló y con entrega diáfana se fue atrás del arma para dejarla un poco caída, pretexto extraordinariamente diseñado para que el juez (presidente, según los españoles) le negara -léase robara- una oreja contundentemente ganada.

Cuando un hombre tiene el toreo en la cabeza, en cualquier momento transforma en éxito cualquier tarde, así haya tenido años de olvido, tedio, aburrimiento, marginación y episodios.

Mientras esto sucedía en Las Ventas de Madrid el domingo 24, el jueves y viernes anteriores, últimos del mes de septiembre, la afición mexicana centraba sus atenciones en dos patriotas que pisarían tan severa arena en la capital española: Joselito y Luis David Adame, respectivamente.

Joselito, hoy todavía el diestro más importante de nuestra nación, cumplió decorosamente en una función más que anota en su currículum y en el apartado de sus comparecencias en la Monumental ibérica dando una vuelta al anillo.

Para el viernes se atavió con el traje de sedas y brocados el fresco, alegre, entusiasta y variado Luis David para confirmar su título de doctor en tauromaquia. El padrino Paco Ureña enseñó el índice del toreo clásico y fue el único que caminó en paralelo a las maderas del nimbo con una oreja empuñada en su diestra. El testigo, por su parte, Sebastián Castella firmó la tarde con dos silencios, el segundo después de haber sido advertido con un aviso. Al confirmante Luis David Adame, en dos pinchazos se le escapó la Puerta Grande. La posibilidad de borrar 44 años de negarse la aldaba a sucumbir para los coletudos mexicanos en semejante edificio se desmoronaba; en esos dos encuentros de la punta de la toledana con el hueso del adversario quedaba huérfana gran parte de la afición de ver a un azteca, aguascalentense para ser precisos, abandonar el recinto sobre los hombros de los masa humana. Sin embargo, por hoy lo más importante, es que Luis David, jovencito él, con mucho carácter, temperamento y disciplina hacia su profesión -es notorio-, ante dos torazos quemados con la efigie ganadera de Núñez del Cuvillo, convenció de que tiene argumentos muy acerados para dar guerra taurina en las campañas venideras y de incomodar sobremanera a más de tres divos, de “aquí y de allá”...

 
   

Noticiero Taurino

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