Atras


“MORANTE DE LA PUEBLA”, SU EXPRESIÓN ARTÍSTICA Y ESTÉTICA DEL TOREO EN PAUSA.
Por: Isidoro Cárdenas Rodríguez
Fotografía del Autor
Fecha:
2017-09-28 09:35:35

Hace algunos días, la nota taurina la dio Morante de la Puebla al anunciar su retiro indefinido de los ruedos. Ciertamente la temporada española no había resultado consistente en triunfos, en Sevilla no se le dieron las cosas, ni en Madrid en la única aparición que tuvo. En las demás plazas hay que decirlo, entre azul y buenas noches. Esto contrastó con la regularidad que estaba teniendo en temporadas anteriores, en México dejó un par de faenas que serán recordadas muchos años. Pero así son los toreros artistas cuando el ánimo se viene abajo, y al torero del puro le ha ocurrido algunas veces.

No es fácil hablar o escribir sobre los diestros que han tenido el enorme privilegio de ser considerados como toreros de arte. Sin embargo para entender un poco sobre el tema, como punto de partida nos sirven a todos, - simpatizantes o público en general-, las ideas expuestas por Heriberto Murrieta en el libro “Vertientes del Toreo Mexicano”, y que refiero en lo que interesa:

“…El toreo de arte, es el más subjetivo, el más difícil de identificar. El arte es una apreciación personal porque depende del gusto y de la sensibilidad de quien lo percibe. En el toreo de arte se amalgama la estética y la estática del torero con la embestida, también estética, del toro en su imperioso movimiento hacia los engaños… Los artistas, dueños del valor auténtico, suelen tener altibajos y desigualdades. No son autómatas ni producen faenas en serie. A veces no están inspirados, pero cuando andan de vena, acaban con el cuadro…”

Es cierto que el arte es apreciado siempre de un modo personal, y el arte taurino específicamente tiene una expresión especial para quien lo proyecta y lo recibe, también. Habrá quienes se inclinen por darle valor al toreo de formas bonitas, de variedad, pero al final de pobre significado artístico, notoriamente superficial. Con toreros como “Morante de la Puebla”, se tiene oportunidad de disfrutar y emocionarse con una forma expresiva del Toreo de un altísimo contenido artístico y estético, con una sentida transmisión, mayor cuando es con un toro de impecable presentación. Con un contenido sólido, profundo y de un enorme peso espiritual, que transforma en eterno el momento breve e irrepetible del arte taurino. El corte de orejas todas las tardes para este tipo de artistas, no es posible, esto es para los espadas que realizan el toreo comercial o rentable, propio de los esquemas industriales que se han apropiado del Toreo, pero que deja muy poco para el recuerdo.

José Antonio Morante Camacho, conocido como “Morante de la Puebla”, es un torero de arte. Su condición se ha ido forjando, sin prisas y con intermitencias taurinas y anímicas desde hace veinte años cuando se hizo matador de toros en la plaza de Burgos de manos del torero colombiano César Rincón bajo el testimonio de Fernando Cepeda. Creo que muy pocos se atreverían a tratar de desvirtuar con argumentos sólidos, lo contrario. La afirmación tiene sentido, y se justifica porque la interpretación de las suertes con capote y la muleta que realiza “Morante de la Puebla” es muy diferente a la de otros toreros.

En la ejecución de la verónica, unas veces la vemos apretada y mecida, más bien grave de acento. En otras el lance es suave, de embeleso y con gitanería; de un aroma que perfuma y hace desaparecer una tarde gris. Eso puede hacerlo el torero de Puebla del Río, porque se acopla a la velocidad y emotividad del toro, y al gustarse, despierta al duende desde las últimas habitaciones de la sangre como decía García Lorca. Por eso comunica de inmediato al tendido, y aparece una suerte de magia y de vida, que se contrapone a la sombra y la muerte que es otra expresión del Toreo. Estoy convencido como aficionado, que muy pocos toreros son capaces frente al toro bravo, de decir ese misterio del arte taurino de crear y recrearse toreando, haciendo sentir impresiones imborrables en la retina que seducen la sensibilidad, llegan a la exaltación y se quedan para siempre.

Por ello “Morante de la Puebla”, con una verónica, una media o un remate que electriza, expresa más que un movimiento corporal, un recuerdo un pensamiento o un sentimiento del alma. Me parecen muy apropiadas para tratar de entender a éste torero, y su concepto del arte taurino, dos respuestas que le dio a Rosario Pérez periodista del ABC de Madrid, el pasado 11 de Enero del año en curso, relacionadas con esto, y que pongo enseguida:

Rosario Pérez. “¿Todos los toreros son artistas?”

Morante de la Puebla.- “No, no, para nada. Hay muy pocos. Podría decir que muchos de ellos son profesionales, que es una palabra muy difícil en el toreo y nada peyorativa, porque hay que dar el callo todas las tardes”.

Rosario Pérez.- “Su filosofía no se deja arrastrar por las corrientes. ¿Está de moda el arte?”

Morante de la Puebla.- “El arte nunca pasa de moda. Ser capaz de emocionar de una manera clásica es lo máximo, y en los tiempos que estamos, lo más difícil, y yo tengo la suerte de poderlo conseguir. El clasicismo es muy largo. Cuanto más indagues más cosas salen. Ser clásico no quiere decir ser corto o poco variado, al revés…”

Me parece muy clara la postura del torero sevillano, el arte taurino no es una moda, él no se deja arrastrar en su concepto del toreo por las expresiones utilitarias, o de una “insulsa pirotecnia” como las adjetivó el periodista español Paco Aguado en un texto reciente. Es evidente que Morante de la Puebla desdeña ese toreo, porque es fiel al que concibió desde el inicio de su carrera, proyectado con mayor fuerza en los últimos años. Por eso, cuando no se dan las cosas frente al toro, y no es posible que se aparezca la imaginación y la fantasía; se desdibuja, porque no se atreve a traicionar su concepción del toreo, es incorrupto. Solo sabe interpretar el personaje de seda y oro que trae consigo, el que ha forjado en tardes de triunfo, de fracaso y de cornadas, como un artista consumado de los ruedos.

En su tauromaquia, aparte del toreo de capa, utiliza la muleta para torear en la línea natural del toro con largueza y profundidad, y también se cruza con los astados si lo exigen, con emoción inocultable y con valor. Algunas veces con el trazo más corto si el recorrido del toro lo marca, pero muy ceñido pasándose a los astados por la faja en sentidísimas series. Con la mano izquierda torea al hilo del pitón, en la línea contraria, y de modo admirable de frente. En todas las veces, sus pases son apartados de toda vulgaridad, cobran una expresión diferente, y no tiene faenas iguales unas con otras. Es un artista del toreo convertido en figura, que no se parece a nadie, ni pretende torear como alguno, lo hace como él lo siente, así de simple.

Finalmente, si Morante de la Puebla torea así, y tiene la capacidad de provocar el olé grave, sentido y profundo para levantar del asiento a los espectadores que aplauden rabiosamente sus faenas; es porque sabe torear, sin duda alguna. ¡Que no venga algún desorientado a negarlo, por favor! Ah, y para torear así, se requiere de mucho valor, no el que raya en la temeridad, el de abandono del cuerpo que se deja llevar por el alma en el empleo del capote y la muleta.

En efecto, más allá del acento personalísimo que le caracteriza, no podría desarrollarlo, sin poseer un valor auténtico y una técnica perfectamente asimilada. Acaba de cumplir quince años de fallecido Joaquín Vidal, el cronista del diario español “El País”, con toda la autoridad de su libertad y solo comprometido consigo mismo, expuso en su libro “Crónicas Taurinas” lo siguiente: “El toreo es un oficio y es un arte, y es una liturgia, pero es también técnica. El alevín de torero tiene que aprender de la técnica del toreo hasta su letra menuda, por dos razones fundamentales: para ejecutar todo el repertorio de suertes que contiene la tauromaquia con arreglo a sus cánones, y para que no lo coja el toro…”.

Hay algunas tardes, en que Morante de la Puebla cuando torea muestra en su rostro un gesto recio, luego asoma una tibia sonrisa, o una extraña sensación de arrogancia o displicencia, y hasta parece que en algún momento rompe con las reglas del arte taurino. Pero no es así, lo que ocurre es que tiene el duende. Hace veinte años, en un texto escribí sobre ese encanto misterioso e indescriptible, que permite al torero que lo tiene, desarrollar cualidades artísticas y estéticas muy diferenciadas que lo individualizan. Unas ideas viejas sobre ello a manera de remate de estas líneas:

Quien tiene el duende, vive en una búsqueda constante de la vida, pero también de la muerte, es algo muy serio y profundo, irrepetible como el cante, el amor y las bellas impresiones. Produce música, alegre o triste y como viene de dentro, corre por las venas, brota de improviso cuando nace urgente, o cuando del mismo modo reclama la salida lenta y prolongada del dolor. Solo de ese modo dibuja canciones que convierten el drama en alegría, el duelo en diálogo, y hace que la mente y el corazón se empeñen en llevar hasta el alma, todo el misterio de su magia.

¡Olé por los veinte años de alternativa de Morante de la Puebla! Y seguramente hasta pronto, porque yo creo que su historia no ha terminado de escribirse.

 
   

Noticiero Taurino

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