Atras


PERFIL HUMANO, ARTISTICO Y ANECDOTICO DE VICTORIANO DE LA SERNA.
Por: Redacción.
Fotografía del Autor
Fecha:
2017-08-06 14:48:53

***De estudiante de medicina a uno de los toreros mas geniales que han existido… Aquella tarde que le «metió» el capote a un toro de Sánchez Mejías en Santander.

***Sepúlveda ha rendido homenaje al que fue famoso matador de toros Victoriano de la Serna, que nació en la mencionada y acogedora población, el pasado domingo, día 28.

Ocurrió en 1927. En un festival taurino a beneficio de la Ciudad Universitario. Un estudiante, Victoriano de la Serna, armó la revolución al dar a uno de los novillos unas magníficas verónicas. Por la noche se comentaba por todo Madrid:

—De esa forma jamás ha toreado nadie con el capotillo.
Aquella ya lejana tarde escuchó Victoriano, estudiante de Medicina, los primeros aplausos y olés en un ruedo. No lo dudó un solo momento, y al curso siguiente trasladó la matrícula a la Universidad de Salamanca.

Le ayudó mucho en sus primeros pasos taurinos, como empresario, don Alberto Vera, quien popularizaría el seudónimo de “Areve”, como escritor taurino, llegando a ser una autoridad en todo lo relacionado con el toro. A tan querido y admirado amigo se le deben muchas obras sobre el estudio de las ganaderías españolas y otras relacionadas con la Fiesta.

TORERO FUERA DE SERIE
Victoriano de la Serna y Gil fue un torero fuera de serie, un gran estilista y con un «tarro de esencia» —no un «tarrito»—, que destapaba muchas veces, en unos tiempos que se podía vivir toda una temporada a cuenta de un par de «grandes faenas» situadas en piabas de categoría.

El famoso diestro de Sepúlveda fue un innovador y dio alto tono a muchas suertes del toreo. El mayor elogio que se puede hacer de Victoriano de la Sema es decir que sus más exaltados partidarios eran los propios toreros. Le hemos visto realizar asombrosas faenas, en las que intercalaba muletazos que jamás diera antes o después otro torero. En cierta ocasión le preguntamos»:

— ¿Qué pase ha sido ese que has dado para cerrar la primera serie de naturales?

—Ni lo sé, ni seria capaz de darlo de nuevo.

RAFAEL Y VICTORIANO
Buena pareja hubieran hecho Rafael «El Gallo» y Victoriano de la Serna. Han sido los dos diestros más geniales que hemos conocido. Victoriano, capaz de proponer a sus compañeros de tema —Pepote Bienvenida y Estudiante— a dejarse en una corrida los seis toros vives. O a sentarse en el suelo, dando la espalda a un toro, con dos grandes pitones, tras habérselo pasado por la faja muchísimas veces, en una faena de alta inspiración y de repertorio variado. ¿Qué podíamos contar de Rafael? ¿Lo de aquella tarde en Barcelona, que se fue para la enfermería, tras haber brindado su enemigo a una alta personalidad? También tuvo otras genialidades el «Divino Calvo».

—Ahora váis a saber ustedes lo que es torear. Alternaba con José y Juan. En su primer toro había estado infame, pero en su segundo acabó con la sabiduría de su hermano y la «revolución» de Belmonte.

SU SINCERIDAD
Después de la Liberación volvió a los ruedos. Los abandonó y volvió después. Alguien le interrogó: - ¿Cuándo te retiras, Victoriano?- Mientras salga por los toriles lo que está saliendo... -Pero es que un día puede salir el TORO. -Ese día nos retiramos todos.

NACIMIENTO Y ALTERNATIVA
Victoriano de la Serna y Gil nació en Sepúlveda (Segovia) el 1 de septiembre de 1910. De familia acomodada, tras cursar el Bachillerato estudió Medicina. Tomó la alternativa en Madrid, el día 29 de octubre de 1931. Félix Rodríguez y Pepe Bienvenida fueron padrino y testigo de la ceremonia, respectivamente. El toro de la ceremonia atendía por «Rompedor», de la ganadería de la señora viuda e hijos de don José Aleas. El de Sepúlveda triunfó en todas las plazas europeas, y dejó constancia de su extraordinario arte en la mayor parte de los cosos americanos.

CUANDO LE METIÓ EL CAPOTE A UN TORO DE SANCHEZ MEJÍAS
Victoriano nos dijo en cierta ocasión que Ignacio Sánchez Mejías había sido el torero más valiente que había conocido. —Recuerdo una tarde, en Santander, que le dio a un toro tres soberbios pases sentado en el estribo, pero sentado de verdad, con aquella valentía suya, indomable. En el último muletazo el bicho le comió mucho terreno, y como yo sabía que no se iba a enmendar en el pase siguiente, en un momento de inspiración metí el capote y me lleve al toro. No sabía cómo podía reaccionar aquel hombre, todo amor propio y dignidad profesional, pero creí que debía hacerlo y lo hice, — ¿Qué hizo Ignacio? —Después de la corrida, en la fonda, me dijo: «Has estado oportuno, Victoriano. Muchas gracias.» Este era Victoriano de la Serna.
G A N G A.

 
   

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