Atras


LOS PUYAZOS DE SERGIO.
Por: Sergio Martín del Campo. R.
Fotografía del Autor
Fecha:
2017-07-12 09:56:17

Uno de los espadas extranjeros que más se ha burlado y a placer ha mancillado la dignidad del espectáculo taurino en México, dando la espalda a la afición y al público, que es quien le paga, y con emolumentos extravagantes, es el divo de Chiva, Enrique Ponce.

Mientras que muchos espadas valiosos, pero marginados por el sistema, se entroncaban con toros plenos de edad, trapío y bravura, provenientes de ganaderías “indeseables”, sobre las carpetas de arena de muchas plazas extraviadas de la mano de Dios, el pinchador de Valencia se dio gusto enfrentando bovinos mansos-mensos y carentes de las virtudes rayas anteriores acotadas, y en aquellos cosos cuyas empresas se le postraban y le licenciaban para que cumpliera todos sus caprichos y abusos, rehuyendo, por su puesto, aquellos pocos en las que los asuntos taurómacos se procuran llevar con seriedad, la Guadalajara mexicana incluida.

Uno de los más grandes escándalos que en sus fojas históricas registra la aún plaza de mayores dimensiones arquitectónicas del planeta, se debió justamente a un encierro indigno que impuso el valenciano.

Aquel bochornoso asunto resultó ser una sólida mofa que ya nadie soportó; incluso valientemente hubo algunos periodistas que denunciaron con fuerte voz el timo, aunque, lamentablemente, en años posteriores esos mismos personajes, comprometidos con el viciado y amafiado sistema pero nunca con la genuinidad del espectáculo, retornaron a las malas andadas justificando y maquillando las parodias de faenas estéticas, modosas y melosas que el diestro realizaba, alabando los “inclasificables dotes” que el coletudo a tema manifestaba, pero callando que eran con reses de las características a las que se acostumbró lidiar en México, y asustándose y asustando con sus elevadas estadísticas.

El pasado sábado en la plaza de Teruel, España Ponce despejó cuadrillas en una función dedicada a la memoria de Víctor Barrio, diestro que el 2016, tristemente dejara su vida en la faca de un toro tras una tremenda, devastadora y dantesca cornada que le laceró terriblemente el tórax.

Días previos a la corrida homenaje a este bien recordado joven de seda y oro, el estilista diestro dio unas declaraciones absurdas, desatinadas, de ética y honestidad asimétricas y bárbaras. Por vez primera en su dilatada carrera profesional enfrentaría toros del hierro de Adolfo Martín, mismos que evitó enfrentar durante la misma. “Nunca he matado una corrida de Adolfo, pero sí muchas de Victorino, que es muy parecido. Es un toro que el bueno, me recuerda mucho al mexicano”… dijo el espada…

De no ser porque los que algo conocen la fiesta están seguros de que Ponce con semejantes afirmaciones se refería al ganado que ha despachado en las plazas mexicanas, más de alguno se iría con la finta de que señaló “corlomés”, “medinas”, “llagunos”, “jaralpeños” y un etcétera que el amable lector acrecentará, y cuya genética está a años luz de distancia de lo que le gusta al estilista valenciano para dimensionar su “toreo bonito”, es decir “teofilitos”, “bernalditos”, “fernanditos” y otras sofocantes xilocaínas que han dañado al espectáculo taurino en contubernio con un sistema que actúa, ya he subrayado, por criterios egoístas, incorregibles, canallas y soberbios.

Vaya una declaración desafortunada… todavía muchos aficionados pensantes se estará cuestionando en que serán semejantes esos “itos” con los Adolfos… tal vez en que tienen cuatro patas…

 
   

Noticiero Taurino

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