Atras


LOS PUYAZOS DE SERGIO.
Por: Sergio Martín del Campo. R.
Fotografía del Autor
Fecha:
2017-06-19 09:36:41

Profundamente lamentable se cruzó una tragedia más en la línea de la historia de la tauromaquia mundial.

El pasado sábado 17 del mes que embiste, en la localidad francesa de Aire Sur L´Adour, un toro quemado con la figura ganadera de Baltasar Ibán traía en uno de sus diamantes el mensaje negro de muerte. El destino es implacable; durante el sorteo le correspondió a Juan del álamo, quien lo echó por delante, sin embargo el espada de Orduña Iván Fandiño se estrechó con su suerte y al intentar un quite la mueca del drama se asomó franca. El pitón de la res le laceró por el costado derecho produciéndole severísimas heridas que finalmente no fueron compatibles con la vida; tenía perforado el hígado, el riñón y los pulmones. De inmediato se le trasladó a un nosocomio de Mont de Marsan, en cuyo quirófano los galenos le intervinieron, no obstante fracasaron en sus intentos por conservarle la existencia, según las primeras boletas informativas que viajaron en múltiples medios de comunicación.

“Estrechito”, No. 53 había cumplido con su sino.

Fandiño fue un torero denodado, determinado y pudiente.

La primera luz del mundo la vio en Orduña, España el 29 de septiembre de 1980.

El 16 de agosto de 1999 en Llodio, Álava, se atavía con el traje de seda y brocados para debutar como novillero sin caballos. Luego de andar por diversos cosos, retorna a su tierra y debuta como novillero con picadores el 2 de junio del 2002, y para honrar la efeméride obtiene tres orejas de los utreros de Javier Pérez Tabernero.

Su presentación en la primera plaza del mundo sucedió el 12 de septiembre del 2004, y al novillo del debut, procedente de la vacada de Navalrosal le cortó una oreja.

El 2005 sería el de su ascenso al escalafón mayor; para el motivo “El Juli” le cede al primero de la tarde, “Afrodisiaco”, No. 64 de 517 kilos del Ventorrillo ante la presencia torera de Salvador Vega y sobre la arena de la Aste Nagusia bilbaína.

El 2007 retorna a Madrid a ratificar su título profesional; fue el 12 de mayo acartelado con Antonio Ferrera y “Morenito de Aranda” quienes hicieron papel de padrino y testigo respectivamente. El burel de la ceremonia fue anunciado como “Catalán”, No. 210 de 545 kilogramos y quemado con la marca ganadera de la Dehesilla.

De ahí va a las ferias más importantes del mapa ibérico, logrando el éxito en casi todas.

Quizás uno de sus triunfos más difundidos fue la Puerta Grande que logró en Madrid el 2014. El 13 de mayo de tal año da cara a un par de torazos de Parladé cortando una oreja a cada uno. Las escenas más impactantes sucedieron cuando a su segundo, una vez haberle trazado una faena recia, se le planta estoque en mano y desprovisto de muleta y se va con alma, vida y corazón sobre el morrillo, atizándole una formidable estocada.

No existe otro espectáculo tan vivo y tan trágico como el taurino. Esas sensaciones de vida son, en extraña y contradictoria entidad, producidas por la posibilidad de que cualquiera de los actores puede perder la vida.

Ahora, a nueve años de que comenzara su eterno y divino sueño el cronista Adiel Bolio, le recuerdo por haber comprimido en una breve pero hondísima frase toda la entraña de la tauromaquia: “El toreo es el grito de angustia, ahogado por el suspiro del arte…”

 
   

Noticiero Taurino

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