Atras


RECUERDOS… “CURRO” ROMERO Y PACO HUERTA.
Por: Pedro Julio Jiménez Villaseñor
Fotografía del Autor
Fecha:
2017-06-01 15:29:23

-Compadre, ¿en qué año “Curro” Romero vino a México por primera ocasión?.-

-¿Cuatritos a mí?.-

-No se enmuine tan temprano.-

-Ni Usted me quiera tantear tan de mañana.-

-No se salga de mí pregunta, ¿cuándo vino?.-

-Pues fíjese que ya se fregó, le tengo la mala noticia que yo viví esa tarde, fue en Guadalajara, en la plaza más bonita que ha tenido México, “El Progreso”, y Romero todavía no era “El Faraón”, ni en buenos sueños se podía pensar de sus posteriores alcances. Fue el 17 de febrero de 1963 en la octava corrida alternando con Procuna y Joselito Huerta, la corrida fue de Torrecilla. El primer espada salió a hombros pero, cierto lo es, que el de Camas impresionó con tan solo tres o cuatro muletazos en sus respectivos turnos.-

-Que más me cuenta.-

-Pues ya que hablamos de Guadalajara, la capital mundial del manjar de los crudos, las riquísimas tortas ahogadas, lugar también de las raíces de Juan Carlos López de los Reyes, gerente de las dos plazas locales, de su hermano Jorge, en el puesto operativo del coso tapatío, de Raúl Arellano contador de la plaza “Nuevo Progreso”, de mis entrañables amigos “Chano” Ramos -por cierto ex cuñado, ni más ni menos, que de don Antonio Ordóñez- de Antonio Duarte “El Nayarit” -alias irónico puesto que nació en otra capital mundial, la del tequila en la población que lleva el nombre del agave, ahí cerquita de la Perla Tapatía- de mi fiel compañero de andanzas etílicas el matador Paco Huerta, quien por poco se va a ser parte del inventario de los cadáveres que sirven para las prácticas de aquellos que estudian medicina puesto que murió en la calle donde “habitaba” desde hacía muchos años.-

-Habló mucho y no me dice nada.-

-Es que interrumpe, le quería comentar que también vi el cartel que anuncia -el 6 de noviembre de 1955- la novillada en la que participarían Jesús Arias, que repetía, Óscar Rivera y Antonio Gómez con 6 de Cerralvo. Esa fue la tarde de la gravísima cornada al primer espada que le dejó inhabilitado para ejercer el toreo, usar muletas de por vida y -otra ironía- gracias a ello, a pesar de ser iletrado, siguiendo los consejos del doctor que lo intervino, don José de Jesús Mota Velasco, y después de sacrificantes días escolares, logró graduarse en medicina y ser - inclusive- jefe de los servicios médicos de las plazas de su tierra y las regionales. Y mire que cuando ingresó a las aulas ya tenía 25 años.-

-Muy buenos datos, se ve que a últimas fechas a leído bastante.-

-Pues claro que leo bastante, ¿de dónde y cómo cree que tomo los datos?.

-Esto lo hacemos todos los que nos animamos a escribir del pasado, ni modo que yo viera en vivo a Belmonte, Gaona o Cuchares y Usted sabe que he escrito de ellos.-

-No pos sí, pero sígale, esto ya se puso sabroso. Dígame más de su amigo Paco Huerta.-

-A Paco lo vi torear desde que era novillero, entonces ni lo conocía como para decirle de la amistad que luego tuvimos. Paco renuncio a la alternativa, la que le dieron don Alfonso Ramírez “Calesero”, y don Antonio del Olivar en Guadalajara, el 18 de enero de 1959, y lo anunciaron en la México como “Pancho” Huerta, desgraciadamente pegó un petardo, el alcohol ya lo había atrapado y esto lo llevó a convertirse en un solitario hombre que deambulaba por las calles de su ciudad natal y dormía atrás de las instalaciones de la Cruz Roja, entre las hierbas del jardín vecino a la institución. Era muy noble, muy fiel amigo, me contaba que sus primeros juguetes era calaveras y huesos humanos, nació en los terrenos donde posteriormente fue la central camionera, ahí había un panteón y su distracción era, con un grupo más de amigos, de entrar por el lado donde la barda del camposanto se había caído, y en cierto tiempo ver quien recolectaba más restos óseos. Aquí entre nos le cuento para que se dé cuenta de la clase de amigo que era… En cierta ocasión transito se llevó mi automóvil, lo había dejado la noche anterior estacionado frente al hotel donde su servidor pasaría la noche, desde luego que a la mañana siguiente temí de un robo ya que, lógicamente, no me dejaron infracción alguna a pesar de no haber cometido ninguna falta el parar ahí, sabemos de lo arbitrarios que son los agentes en cuanto ven placas fuereñas, y yo, haciendo caso del dicho ese que dicen que “pa todo mal mezcal”, le atore de pronto al tequila mientras indagaba el paradero de mi coche, ya llevaba varios días haciéndolo al Sherlock Holmes y por supuesto que a mi lado la botella Cierta madrugada sin ninguna idea fija, me asomé a la calle y para mi sorpresa vi a Paco sentado en la banqueta, de inmediato me vestí y bajé para ver que estaba haciendo allí a esas horas, su respuesta habla por sí sola… “Mira, desde el primer día estoy aquí, yo sabía que en la cruda iba hacerte falta esto”, estiró su brazo y me dio de su inseparable botellita de plástico que la llenaba de alcohol del 96 con lo que recolectaba entre sus conocidos en su diario trotar. Así era Paco Huerta.-

-Triste y muy humano su relato, imagino las que pasaría el matador Huerta para llegar a donde dice estaba, en condiciones deplorables.-

-Pero aún con eso era feliz a su manera, siempre tarareando “La Vida en Rosa”, de mañana diario iba a la plaza de toros, luego caminaba por la larga avenida Independencia, llegaba después a Catedral, al Hospicio Cabañas donde se sentaba por minutos, luego, a media tarde, iba a comprar lo requerido para llenar su botella y de ahí “a casa” donde se reunía con otros indigentes y compartía traguitos de su preciado tesoro líquido. Repito, así era Paco Huerta.-

-Ya párele compadrito, yo también repito que es triste la historia de este buen hombre, ya hace hambre, acompáñeme a echarnos un taco de frijoles y otro día le seguimos.-

-¿Frijoles?, esperaba un coctel de pulpos en su concha, pero no lo desaíro, vámonos pues.-

-Pues vámonos.-
NOTA: El cartel es de los archivos del señor Ramón Macías. M.

 
   

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