Atras


FERMÍN ESPINOSA “ARMILLITA”
Por: Redacción.
Fotografía del Autor
Fecha:
2017-05-23 23:10:32

Un Homenaje en el Centenario de su Nacimiento.
Por el Lic. Miguel Romo Medina.
III CONGRESO IBEROAMERICANO DE VETERINARIOS TAURINOS.
Aguascalientes, Ags 3 de Noviembre del 2011.

I. – Datos básicos en la vida taurina del Maestro de Saltillo.
Fermín Espinosa Saucedo, nace un 3 de Mayo de 1911 en la ciudad de Saltillo, Coahuila, y falleció en la ciudad de México D.F., el 6 de Septiembre de 1978. Inicia su carrera como becerrista siendo apenas un niño, y su precocidad taurina le llevó a realizar un aprendizaje muy sólido, que le permitió llegar a la alternativa tras un corto periodo de novillero, recibiéndola en la ciudad de México el 23 de Octubre de 1927, con toros de San Diego de los Padres llevando como padrino a Antonio Posada, y como testigo al fino diestro tapatío Pepe Ortiz con apenas dieciséis años cinco meses y veinte días de edad.

El Maestro de Saltillo en su paso por los ruedos del mundo taurino, vistió el traje de seda y oro en 836 corridas de toros, en una trayectoria que se prolongó por veinticinco años como torero en activo, destacándose por el enorme mérito de haber actuado como único espada en plazas tan importantes como Madrid, México, Lima y Caracas. Ahí queda eso, para ver quien lo supera, en nuestro país y en todas las tierras en las que la fiesta tiene lugar.

Su carrera estuvo dividida entre México y España fundamentalmente, los números determinan que en nuestro país alcanzó la cifra de 420 corridas de toros, en España actuó en 336, en Francia 37 ocasiones, en Portugal lo vieron 14 veces, en Perú 16, en Venezuela 6, en Colombia 5 tardes, e incluso reporta dos actuaciones en la isla de Cuba. En todo ese largo camino, tuvo por rivales a cuatro generaciones de toreros, con los cuáles escribió páginas inolvidables en la Historia de la Tauromaquia. En tal sentido, se le reconoce que la faena que realizó al toro Corchete de Manuel González, al que le cortó las orejas y el rabo, en la Corrida de la Prensa de Sevilla, es la más poderosa realizada en los últimos sesenta años en el albero maestrante. Ese 3 de junio de 1945, el Maestro actuó junto a Domingo Ortega y Pepe Luis Vázquez.

Su tarde más espectacular, confesada por él mismo, ha sido la del 29 de julio de 1934, en Barcelona donde junto a Juan Belmonte y Marcial Lalanda, los superó ampliamente cortándole a Clavelito de Justo Puente, las orejas, el rabo, las cuatro patas y los testículos por primera vez en la Historia del Toreo.

Estos datos, que son parte de la estadística, están por ahora, a cien años del nacimiento de Fermín Espinosa Saucedo; alejados de la real dimensión que ha tenido el torero, – afincado en Aguascalientes durante muchos años para nuestra fortuna –, como figura indiscutible del toreo, y como un ser humano excepcional.

Ante estas dos realidades, evidentes para los que tuvimos la suerte de conocerlo, de tratarlo y de entablar con él una genuina amistad, esas cifras pueden parecernos cortas, distantes de la vivencia taurina de un tiempo que hoy se añora, como las tertulias taurinas informales o preparadas, que nos permitían escuchar con atención y respeto la conversación tranquila, y llena de sabiduría taurina del Maestro Fermín.

Hace unos meses, recién transcurrido el mes de mayo cuando se realizaron varios homenajes al Maestro Armillita, el periodista taurino Leonardo Páez, finalizó su colaboración en la revista Proceso (Número 1805 del 5 de Junio del 2011), en un texto que lleva por título El Maestro de Maestros. La Poderosa Sencillez con las siguientes palabras:

…Fermín Espinosa Armillita, el torero más poderoso de la Historia, y a la vez el más sencillo y respetuoso – consigo mismo, con el toro de lidia y con el público – de los grandes maestros de todos los tiempos, poseyó una sabiduría innata, que le impidió atentar contra la dignidad del toro, y envilecer una profesión, a la vez que le permitió desconocer la envidia, por más envidiado que fuera…

Estas expresiones de Páez, son en extremo gráficas y aleccionadoras, puesto que nos permiten asomarnos un poco a una brillantísima trayectoria taurina y humana, que por méritos propios se ha reconocido no solo en nuestro México, sino en España, donde recientemente y al cumplirse los cien años del nacimiento de Armillita, con todos los honores, se realizó la presentación de un libro taurino dedicado a su memoria, en el marco de la Feria de San Isidro en su edición 2011 y donde la prensa española de hoy día, tuvo oportunidad de revalorar al paso del tiempo, el peso específico de Armillita en la Fiesta Brava.

II. – Notas sobre la Tauromaquia de Fermín Espinosa Armillita
Sobre la expresión taurina de Armillita, se han dicho muchas cosas. La verdad es que tinta y papel no serán suficientes para mostrar, de una manera objetiva, – difícil de plantear en cuestiones taurinas –, las características que hacen universalmente conocida en el mundo taurino, la tauromaquia del Maestro Fermín Espinosa Armillita.

Un periodista taurino de actualidad, documentado y de valor plenamente identificado como es Heriberto Murrieta, en su libro Vertientes del Toreo Mexicano se refiere así al hoy recordado diestro:

“Armillita” es el primer gran torero de poderío con el que la tauromaquia mexicana compite con la española. El enorme maestro, dueño de un valor frio y calculador, tuvo una facilidad natural para desenvolverse en los ruedos de todo el mundo…El Maestro Armillita, un torero sin ínfulas, tuvo una tauromaquia racional y monolítica que le permitió mantenerse en la cúspide durante muchos años a un ritmo sostenido. Toreaba en automático y lograba que las dificultades de los toros no se notaran. Fue su estilo, impasible y fecundo, un manual de inteligencia y de técnica, la más grande fuente de sabiduría del legendario oficio de torear.

Sin embargo, creo que puede ser muy significativo para todos los presentes, tratar de describir el legado taurino de Fermín Espinosa Armillita, expresado en voz propia del Maestro a José Pagés Rebollar en el libro Los machos de los toreros, publicado a finales de los años setenta, y que cobra actualidad para repensar la trayectoria de toreros como Fermín Espinosa, Luis Castro El Soldado, Silverio Pérez y Lorenzo Garza, por citar a los que compartieron época y carteles con nuestro recordado torero.

Así, el Maestro responde con puntualidad a tres preguntas, que a mi personal punto de vista, explican con la elocuencia de los hechos, lo que puede ser un resumen apretado de la tauromaquia de nuestro personaje.

¿Por qué toreaba yo bien?

¿Por qué las faenas me salían “a la medida”?

¿Por qué era un torero largo y exacto?

La respuesta aunque no me lo creas, es muy sencilla: entre los toros y yo hubo siempre una comunicación, un mensaje, un entendimiento mutuo, y una cabal intuición de su carácter y manera de ser. Esto que te comento, se fue apoderando de mí poco a poco hasta hacerse un comportamiento. Nunca salí a lidiar para gustarle al público: Lidiaba por intuición, según el toro me lo indicaba, y todo lo hacía para mi propia satisfacción. Además, palabra, nunca salí al ruedo con la seguridad de triunfar o de fallar.

¡Simplemente salía, y eso lo hice más o menos hasta los 21 años, cuando ya “había cuajado” lo suficiente, entonces mi manera de ser varió radicalmente: sabía de la responsabilidad que tenía y le temía más al público que al toro porque el toro te hiere y el público te acaba, te olvida… Te desprecia…

Solamente por esa manera de torear, el mundo taurino español le cerró las puertas a través de Marcial Lalanda en 1936, privando al público español de verle actuar en más de cien corridas ya escrituradas. Si, ese Marcial Lalanda, a quien sus devotos seguidores dijeron que no había figura por más encumbrada, que no se enfrentara con él, rivalizó con Chicuelo, con Juan Belmonte en lo más espléndido de su regreso a los toros, con la racha madrileña de Villalta, con Manolo Bienvenida, con Domingo Ortega varonil y poderoso, con Manolete en su vertiginosa ascensión al cenit.

Sin embargo, en la entrevista que realizó Eleuterio Verdes de la Villa, Juan de Gredos a Marcial Lalanda en el libro TOROS Y TOREROS Aquellos tiempos, ambos omiten admitir que haber dejado a Fermín actuar en España en ese número de corridas, lo hubiera convertido en el mandón de la Fiesta allá, sitio inalcanzable para quien no sea español. Así de simple es el asunto, lo importante es, como se dijo antes, que el Maestro desconoció la envidia por más envidiado que fuera, aquí y en las latitudes taurinas donde su quehacer taurino las despertó, sin que deliberadamente se propusiera hacerlo.

Finalmente, en relación a la talla humana del Maestro Fermín, relacionada con su tauromaquia, es admirable que mantuviera esa sencillez y discreciónante el halago de quienes tuvieron la suerte de verle realizar las grandes faenas que registra la historia taurina. Me permito recordar a Ustedes, que la tarde del 15 de diciembre de 1946, en el ruedo de la Plaza México alternando con Manuel Rodríguez Manolete y el inolvidable trianero de ésta tierra Alfonso Ramírez Calesero, realizó otra inolvidable faena al toro Nacarillo de Piedras Negras.

Las crónicas refieren que le dio series de seis y siete naturales al astado, y que totalizó casi treinta, que ese trasteo, fue un compendio de buen torear, solamente propio de quienes alcanzan un dominio al lidiar toros bravos.

Ante esa obra, el admirado Carlos Septién García El Tío Carlos en sus Crónicas de Toros recuerda el suceso de una manera que nos transporta en el tiempo a sentir intensamente lo que ocurrió en el ruedo, pero – y esto es lo más importante –, sin describirla en particularidades, pero enseñándola en su conjunción artística.

Estas son sus palabras:

Estamos ante la faena perfecta. Y no nos atrevemos a tocarla. Sería un desacato rozar siquiera el contorno venerable de sus mármoles. Sería una mancha el querer reducir a yerta medida la armonía de su arquitectura serena y triunfal. Y sería un atentado el querer desmontar el ensamble prodigioso de sus partes para someterlas a un estudio prosaico y vulgar. Mejor veámosla así, tal como la vimos desde el graderío sobrecogido de belleza, de clamor y de respeto. Mirémosla en toda su deslumbrante simetría: faena de arco y columna... Y merémosla en toda la fuerza de su genuino valer. Veámosla hecha de los más puros y firmes elementos que la tauromaquia ha creado en siglos de lucha, de dolor y de triunfo con los toros bravos… Y no toquemos la faena perfecta. Dejémosla allí, en el centro de la arena, sola y magíifica en su soberbia perfección. Dejémosla allí. Y rompamos el asombro enmudecido para gritar a su autor con toda la pasión de aficionados sacudidos hasta le médula: – ¡Torero, Torero, Torero!... –

Y que difícil puede ser para muchos toreros, pero no para Fermín, mantenerse respetuoso, discreto y mesurado frente a la expresión de sus hazañas taurinas. Eso es parte de lo que lo hizo grande como ser humano, y que hoy a cien años de su nacimiento recordamos con emoción, ya que la parte taurina es la más conocida por las generaciones de antes, y ojalá sea también por los nuevos aficionados a la Fiesta Brava.

III. – Fermín Espinosa Armillita, forjador de una Dinastía Taurina
El Maestro Fermín, nos ha dado en sus hijos varones, a tres grandes toreros. Cada uno en su tiempo, en la circunstancia particular de la Fiesta en que cada uno se desarrolló, y con su definido estilo para el público taurino. Por riguroso orden de aparición en la Fiesta, me refiero primero a Manolo Espinosa Armillita.

Sin duda ha sido un torero que asimiló la técnica de su padre, esto lo vimos durante su dilatada trayectoria en activo, y la podemos admirar de vez en cuando en los festivales taurinos donde como se dice mata el gusanillo, y se le ve solvente y con oficio. No era para menos, desde los años sesenta en que hizo carrera de novillero, y después de alcanzar el doctorado, siempre se distinguió como un profesional del toreo.

Tal vez sus temporadas de mayor intensidad, fueron a principios de la década de los setenta, donde alternaba con cierta regularidad con dos hijos de toreros y amigos del Maestro, me refiero a Chucho Solórzano y a Alfonso Ramírez Calesero Chico. Infaltable en las principales plazas de México, tuvo particularmente en la capital del país, y en Guadalajara, triunfos resonantes, que lo hicieron base de temporada para alternar con los mejores toreros de México y de España.

Hoy recuerdo una de sus grandes tardes, la del 5 de febrero de 1966, en El Progreso de Guadalajara, cuando alternando con Carlos Arruza – que iba como rejoneador –, Santiago Martín El Viti y Jaime Rangel, realizó una de las faenas más importantes de su trayectoria, la del toro Zorrito de San Mateo.

Después de una larga carrera en activo, de casi treinta años, y combinada con el ejercicio de su profesión como arquitecto, empresario taurino y ganadero, Manolo Espinosa Armillita, se despidió del público de la capital del país el 3 de febrero de 1992. Esa tarde en la Plaza México y de blanco y oro, hizo el paseo al lado de Mariano Ramos y el hispano Roberto Domínguez, matando un encierro compuesto por toros de Tequisquiapan y La Gloria.

Esa tarde no hubo suerte para Manolo en cuanto a corte de orejas, su lote resultó muy complicado, acaso con un séptimo toro que regaló, pudo sacar toda su talla torera. Al final entre aplausos, sus hijos y sobrinos le desprendieron el añadido, dando vueltas al ruedo entre las muestras de cariño de la concurrencia.

Fermín Espinosa hijo resulta ser un torero de una extraordinaria finura. Sin dejar de llevar en su hacer el estandarte del oficio, lo que le ha distinguido siempre en su hacer en los ruedos es la exquisitez y el buen gusto en su trazo. El primer toro que se lidió en la Plaza Monumental Aguascalientes, es el primer toro en el haber del segundo Fermín Espinosa matador de toros, de quien todavía recordamos faenas como aquella del toro Tres Generaciones de Reyes Huerta, que es una de las piedras angulares de la historia reciente de la fiesta en México y en Aguascalientes. Y Miguel… Su toreo de clase siempre marcó la pauta del toreo caro.

Cuenta con una maravillosa mano izquierda y un concepto del natural ligado, profundo y extenso, que además llena de dimensión por su largueza y su temple, sus faenas tienen ritmo, pausa y hondura, es una figura indiscutible, como quien observa una sinfonía de bien torear. Sus pases tienen la dimensión que solo logra el torero de pellizco, vaya, con duende, sobre todo con la izquierda, dando una nueva expresión al toreo al natural, la que se vio plenamente lograda con un toro Vidriero, de Pepe Garfias, berrendo en colorado, en la Plaza México.

No puede quedar fuera de la historia taurina de Miguel Espinosa, su salida a hombros de las Ventas de Madrid el 24 de Octubre de 1992. En efecto, el Festival en Homenaje a Julio Robles, fue el marco para que el público de la capital de España viera la dimensión artística de nuestro paisano en todo su esplendor.

Un festejo largo, donde participaron ocho matadores de toros y un novillero. Corría la tarde solo con la carga emotiva que representaba el reconocimiento a Julio Robles, en esa fecha imposibilitado para torear. Y casi a la mitad del festejo, apareció Miguel Espinosa “Armillita Chico”, quien fue visto en la crónica de Joaquín Vidal que apareció en EL PAÍS al día siguiente, y que me permito recordar a Ustedes, en dos pasajes con el juicio de uno de los mejores periodistas taurinos españoles, al dar cuenta de la impresión causada por el de Aguascalientes:

“Una voz salió desde lo alto del tendido: “¡Llevamos cuatro toros y aún no he visto torear! Quizá exageraba aquella voz, o la moción resultaba discutible. Pero unos minutos más tarde se hizo presente Armillita Chico, embebió en la pañosa al torillo encastado, y ya no había discusión, todos de acuerdo: aquello era torear. Torear a lo grande; ciñendo el muletazo, relajado el cuerpo toreador, templado el pulso de la mano torera…

Armillita Chico- toreo grande; oh, que curiosos contrastes ofrece la vida… Le llaman “Chico” para distinguirlo de su padre, una gloria del toreo mexicano, que también se apodaba Armillita. Sólo por eso…. A hombros. A hombros salió Armillita que había hecho el toreo grande en sus dos fundamentales versiones- el redondo y el natural- y en los complementos interpretados con exquisita torería…”

Y concluyo con una esperanzada vista hacia el futuro. En lontananza se mira ya la probable presencia en los ruedos de un cuarto Fermín Espinosa. Es temprano aún para saber si será su decisión de vida el seguir el camino de sus mayores, pero el trayecto está dispuesto, si decide seguirlo, ¡que Dios reparta suerte!... MUCHAS GRACIAS.

 
   

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