Atras


DIEGO SÁNCHEZ BAJA EL TELÓN DE LA FERIA CORTANDO VALIOSA OREJA; GALDÓS TAMBIÉN IZA UN AURICULAR
Por: Sergio Martín del Campo. R.
Fotografía del Autor
Fecha:
2017-05-07 23:25:07

Sí, se la arrancó cabalmente a su segundo, un toro que se tornó en genuino marmolillo; pero cuando hay gusto, cabeza y afición casi nada se interpone para lograr el éxito. Con apenas nueve corridas en dos años de alternativa y largos nueve meses sin calzar el vestido de seda y brocados, llegó, se plantó, irguió su figura y dijo al sistema empresarial, con su marcado y fresco hacer torero, que en él hay otro elemento para engrandecer y dar variedad a muchos carteles en las plazas que se les ocurra. Ahí se creció Diego, en la región de las tablas, en donde se amparó el burel apenas iniciada la egregia labor muletera.

Trato de la última corrida de la feria sanmarqueña en el coso Monumental de Alberto Bailleres que en sus tendidos amplios albergó apenas un cuarto de entrada.

Para dar curso a la tauromaquia práctica, dos ganaderías completaron el encierro: cuatro de Manolo Espinosa y cuatro de Boquilla del Carmen.

De mala presencia los de la primera, sin trapío y descastados hasta desesperar por si se quieren mayores señas de ellos. Rematados, con edad los de la segunda, diáfanamente disparejos en tipo pero igualmente sosos y además complejos.

Cuatro anclas por pezuñas traía el que abrió plaza y ni la menor opción dio a Gerardo Adame (palmas, palmas y palmas tras aviso en el de obsequio) para que realizara algo de interés, después de su sólida y férrea voluntad, en una labor, eso sí, muy bragada, que la mayoría aplaudió.

Un toro poderoso enfrentó en quinto sitio, de esos que por edad exigen que se les hagan las cosas serias y compactas; cuando así se desenvolvió el joven diestro, logró los mejores momentos con la muleta, sobre todo empuñada ésta en la mano siniestra y desdoblando todo el brazo. Bien ha estado el espada local; valiente y voluntarioso, pero perdió algún premio merced a su ingrato empleo del estoque.

Inconforme con lo ocurrido, regaló un noveno, reseñado como segunda reserva y proveniente de la dehesa de Santa Bárbara; bueno fue, abierto, franco y con calidad empero, salvando esporádicos muletazos de buen trazo, estuvo por debajo del adversario consecuencia de incorrecciones relacionadas con el son y la distancia. Del estoque, ya ni hablar, toda la tarde anduvo rotundamente extraviado.

Un torito muy chico soltaron en segundo turno, y apenas al ver los vuelos de los avíos se convirtió en un laberinto por demás complejo. Evidentemente desconcertado Ricardo Frausto (palmas en ambos), sin ruta marcada y en actitud precautoria se lo quitó de enfrente de una estocada tendida pero en buen sitio.

Una locomotora era el sexto, alto y muy largo, con remate cabal. Saliendo arrolló todo cuanto se encontró a su paso y sin entregarse jamás a ningún engaño. Ante esta mala situación, el torero no tuvo otra cobertura que ofrecerse voluntarioso, bajando el telón de su actuación empleando el arma con efectividad.

Breve aunque correcto estuvo con la capa Diego Sánchez (palmas y oreja), y orientado hacia el triunfo con excelente actitud al tomar la muleta, empero a ello se interpuso un cuadrúpedo imposible, tan patéticamente descastado que prácticamente no tuvo un pase y al que derrumbó de estocada defectuosa.

Continuó la romería de toros infumables el séptimo, y a pesar de las medias embestidas que a cuentagotas otorgó, el coletudo le cuajó momentos muy finos y toreros, jugándosela con la sonrisa en su juvenil rostro, como producto de su ética y cabeza toreros, yéndose luego con todo su ser tras la espada y dejando tres cuartos de ella un punto delanteros, sin embargo de efectos mortales.

El cuarto dio comportamiento felino; con agilidad impresionante se retornaba en los remos delanteros buscando la carne del peruano Joaquín Galdós (palmas y oreja), quien con talento y oficio resolvió el problema decorosamente cerrando la página de estocada delantera.

Al principio del episodio muletero, su segundo fue franco tras la jerga púrpura, no obstante pronto se encajó sobre la arena. A esto se impuso el extranjero realizando una faena correcta, enjundiosa y entusiasta sumándole una estocada que hizo doblar sin puntilla al antagonista.

 
   

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