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SEVILLA: 12ª DE ABONO - ROCA REY, CASTELLA Y DERRAMADO, MUY BRAVOS
Por: Carlos Crivell/Sevillatoro.com.
Fotografía del Autor
Fecha:
2017-05-06 07:00:16

Entre los mansos, que lo fueron casi todos los de Victoriano (no confundir con Victorino), saltó el cuarto de nombre ‘Derramado’ que fue un prodigio de toro. Tomó la primera vara de forma desordenada. Cuando se le puso en su sitio para la segunda, el toro fue de largo y empujó con fijeza. Toro bravo, pues. En banderillas se lució el fantástico José Chacón. El de Victoriano, se movió con alegría, fijeza y recorrido. Castella abrió la faena con muletazos a media altura memorables, ganando terreno hacia el centro para rematar con uno de pecho soberbio. El toro, engallado pedía pelea; Castella se la dio, aunque casi siempre con la derecha. Castella es un torero muy de mano derecha.

El llamado ‘Derramado’ era una máquina de embestir con clase, siempre incansable por abajo; Castella se templó en los derechazos, dibujó un cambio de manos de categoría, todo con serenidad, compostura y torería. Aún más derecha antes de una solitaria tanda con la zurda, por donde el toro también se rebozó en viajes interminables. Nadie sabe por qué no volvió a probar la izquierda. Siguió con derechazos y se durmió toreando, tanto que ‘Derramado’ se llevó la muleta. Quedaban más derechazos, otro cambio de manos y las manoletinas. Y el de Victoriano, con sesenta pases encima, hizo un además de marcharse a las tablas. No se puede tener en cuenta ese detalle en un animal tan bravo, capaz de humillar tanto, de meter la cara un montón de veces con un recorrido infinito. ¿Vuelta al ruedo? Por supuesto. Castella, muy bien, salvo ese detalle de la racanería con la izquierda. El descabello acabó con la euforia. Castella dio la vuelta enfadado con el premio al toro.

Fue el capítulo cuarto. Todos los demás toros fueron mansos, más o menos nobles y encastados, pero mansos. El tercero fue un sobrero del mismo hierro de Toros de Cortés devuelto por su flojera. El destino es caprichoso. El llamado ‘Soleares’, cinqueño, bonito a rabiar, también fue manso aunque muy encastado. Mucho mejor presentado que algunos titulares, el toro se lidió como sobrero, pero tenía escondido el premio grande para Roca Rey. No le regaló nada ‘Soleares al peruano. Lo cuidó en el caballo. En el tercio, siete estatuarios y el de pecho para abrir la faena. Al remate, el toro huyó a la puerta de toriles. Allí se fue Roca para desengañarlo con la derecha en muletazos de dominio grande, mano baja, temple perfecto y torero siempre bien colocado. Rugió la plaza. También fue una faena de derechas. Por la izquierda hubo un proyecto que se saldó de mala manera con enganchones, pero el torero, listo como pocos, supo llevarlo en uno de pecho que fue un circular en toda regla. Ya la plaza estaba entregada. Más derechazos, la arrucina de escalofrío, los circulares invertidos, todo ya con el clamor adueñado de la plaza. A pesar de una estocada defectuosa hirvió de emoción la Maestranza. Dos orejas, a pesar del aviso. Ya no hay faenas de menos de diez minutos. Roca Rey paseó los despojos con sosiego, despacio, saboreando el momento. Sevilla estaba a sus pies de manera unánime.

A la salida del sexto, conscientes de que faltaba una oreja para la Puerta del Príncipe, la plaza unió sus fuerzas para empujar al toro y al torero. Pero aparecieron las adversidades. La lluvia anunciada roció de goterones a quienes, alegres y confiados, habían acudido desprovistos de paraguas o chubasqueros. Hubo una desbandada que pone en cuarentena el nivel de los presentes. Allí había un toro, chico pero toro, y un torero dispuesto a jugársela para abrir la Puerta del Príncipe. Salieron de la plaza y apareció el arco iris por encima del tejadillo. El escuálido sexto era manso, como casi todos sus hermanos. Roca Rey se fajó, lo toreó con la derecha, a veces más limpio que otras, logró una vez más captar a los presentes, hizo el esfuerzo y solo le quedaba matarlo. La gente quería la gloria; el palco, no digamos. Y todo se esfumó con la espada. Tiene tiempo por delante para salir por la gloriosa puerta. Y un consejo: la salida a hombros por la puerta de cuadrillas no tenía sentido, aunque los costaleros necesitaran ganarse un dinerillo.

Castella había roto la tarde con otro manso. El viento le acompañó en una faena de más ganas que resultados ante un animal que estaba falto de sal. Manzanares, por su parte, también luchó contra el viento en la faena al segundo, aunque el de Alicante no puso de su parte nada para cambiar las cosas. Se animó su labor en una tanda con la derecha, la banda tocó una vez más sin motivo justificado, pero el final fue que el toro acabó rajado por un lado y el torero por otro. En su mala suerte el quinto, un cinqueño muy chico que se tapaba por los pitones, tampoco le dejó sentirse a gusto. Algunos muletazos sueltos con la derecha, muy pocos por la izquierda y ni siquiera la espada le funcionó como de costumbre.

Tarde de mansos con un toro extraordinario justamente premiado con la vuelta al ruedo. Faena de calidad de Castella a ese gran toro, casi toda con la diestra. Y un huracán llamado Roca Rey que demostró que no solamente es un torero de muletazos por la espalda o arrucinas, sino que tiene un valor descomunal y que sabe torear muy bien. A pesar de la espantada final con la lluvia, el respetable salió satisfecho.

Plaza de toros de Sevilla, 5 de mayo de 2017. 12ª de abono. No hay billetes. Cinco toros de Victoriano del Río y uno, jugado como sobrero en tercer lugar, de Toros de Cortés. Bien presentados excepto el 5º y el 6º, más terciados. Mansos en el caballo y el la lidia, excepto el bravo, noble y encastado 4º, al que se premió con la vuelta al ruedo. Saludó en banderillas José Chacón. Picó bien al cuarto José Doblado.

Sebastián Castella, de lila y azabache, pinchazo y media atravesada (silencio). En el cuarto, estocada trasera y tres descabellos (vuelta al ruedo tras aviso).

José María Manzanares, de celeste y oro, estocada (saludos tras aviso). En el quinto, pinchazo y casi entera (saludos).

Roca Rey, de verde botella y oro, estocada (dos orejas tras aviso). En el sexto, tres estocada contraria atravesada y cinco descabellos (palmas tras aviso).

 
   

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