Atras


POR AHÍ NOS VEREMOS JOSÉ ANTONIO ENRÍQUEZ.
Por: Pedro Julio Jiménez Villaseñor
Fotografía del Autor
Fecha:
2017-05-05 16:39:09

BIEN DICEN que… Antes se morían las personas a las que les hablaba de “uste”. Ahora se van a los que tuteo… ¡Ya estamos viejos!

EN EL céntrico histórico de la ciudad de “Plata y de Cantera”, Zacatecas, se encuentra una maraña de pequeñas callecitas a la que se les conoce como … “El Laberinto”.

AHÍ, PRECISAMENTE, en ese nudo callejero, típico de las poblaciones coloniales, termina en una plazoleta donde se encontraba una vieja construcción que solo el paso de los años se animó a derribarla, en la planta baja -con el mayor de los orgullos- se escribió el nombre de la tienda de ropa que albergaba… “EL TORERO”. ¿El dueño? Pues desde luego que un hombre que dejó la profesión solo por los compromisos que se contraen al matrimoniarse, de ser un desobligado palabra que todavía andaría visitando empresas, viajando a las ganaderías, tocando las puertas que le cerraron para tomar la alternativa después de sumar trece triunfales tardes en la Monumental México, más un puñado en Cuatro Caminos, y esto, esto no se logra de manera fácil. Enamoradísimo -y correspondido- de su señora esposa, padre gritón pero consentidor, amigo como pocos.

ESE LOCO soñador, ese loco enamorado del toreo acaba de fallecer, ayer para ser exactos, mi entrañable amigo José Antonio Enríquez Barraza ha muerto, palabra que duele escribirlo así estemos tratando de disimularlo escuchando la música que a ambos nos gustaba, la torera, los pasodobles que enchinan la piel.

MIS RECUERDOS con él son muchos, todos buenos, todos hermanados con nuestros gustos.

EN CIERTA ocasión jugábamos conquianes, mano a mano, no pasaba nada, uno para él, el otro para mí, requeríamos de un tercer espada y este llegó como caído del cielo, ahí, y así, la cosa cambió totalmente, la apuesta era de solo diez pesos por juego, pero, inesperadamente José Antonio me guiño un ojo enseñándome sus cartas, lo entendí, teníamos que dejar ganar a nuestro contrincante a partir de ese momento, lo hicimos hasta que perdimos cien pesos cada uno de nosotros, el ganador se fue feliz de la vida, tirando golpes al aire con movimientos de cintura muy sincronizados, Ricardo “El Pajarito” Moreno, había perdido cierta cordura cerebral, más nunca lo que arriba del ring lo llevó a pelear por una corona universal. Feliz con dos de cien que deben de haberle apaciguado el hambre por dos tres días. Seguido se dejaba ver por “El Torero”.

EL TORO NEGRO.
FERNANDO CASANOVA, el actor de cine que se encumbró cuando interpretó el papel de “El Águila Negra”, -semejante al norteamericano “Zorro”- había debutado en “El Toreo de la Condesa” el 14 de junio de 1945 con su nombre real, Fernando Gutiérrez, el tiempo lo llevó a dejar por la paz los avíos de torear y es cuando incursiona en el cine. Me decía Fernando que fácil había escrito el guion de la película “El Toro Negro”, que solo recordó lo vivido y más trabajo le costó convencer al señor Antonio Matouk para pagar la producción. El tema es harto conocido, se trata de los pesares de aquellos que comienzan y cuando tienen la suerte de ser programados pegan un petardo ante la falta de sitio, de no torear para salir debidamente preparados.

PARA DICHO film se requería de un alternante, ya se tenía escogido, pero este comenzó a coquetear con alguien allegado a la producción y le dieron “triunfal puerta”. Fernando se había quedado sin compañero.

A LA par, José Antonio buscaba vender sus cosas de torear, requería reunir un capitalito para cruzar la mar y buscar oportunidades por esas lejanas tierras. Cierta mañana se presentó en el ruedo de la plaza México tratando de encontrar cliente para sus cosas, nadie lo tomó en cuenta ya que “al nuevo”, que era Fernando haciendo ejercicio y toreando de sombra, le querían “bautizar” lanzándolo a la pila del destazadero con todo y ropa, así se estilaba por aquellos años con los neófitos, fue cuando el zacatecano intervino diciéndoles que no era extraño, que inclusive en su malogrado debut en La Condesa, le habían pegado una cornada, gracias a eso “El Águila Negra”, o “El Zopilote Renegrido” como le llamaba don Cuco, su señor padre, se libró del enjuague y nació la sana amistad que le valió a José Antonio la recomendación para tomar el lugar del despedido novillero-galán.

YA EN plena filmación se da otra hambruna anécdota… La supuesta placita del pueblo, -espacio amplio dentro de los estudios cinematográficos- hubo un momento en que la luz no era suficiente, de la calidad buscada por el directo de cámaras, es cuando les solicitan a los toreros se retiren unos momentos, minutos que se alargan por culpa de las nubes, y el estómago ya pedía a gritos algo de alimento. El tiempo pasaba y la novilladita no se reanudaba, José Antonio amenazó con quitarse la ropa de torear y largarse a comer algo, la solución llegó con una enorme charola de tortas que así calmó el genio que la barriga le dictó a quien ya hoy extrañamos.

JOSÉ ANTONIO fue el primer empresario del actual coso zacatecano, de varias plazas de la región y director de grupas musicales como los llamados “La Bufa” y “Bracho”. Hoy el cementerio “La Purísima” se llenó de taurinos y amigos para despedir a eso, a un amigo.

VAYAN PUES nuestras más sentidas condolencias a la compañera de toda su vida, doña María, a sus hijos María de los Ángeles, María Alicia, María Guadalupe, al matador Jesús y al licenciado José Antonio.

DESCANSE EN paz y… Nos Vemos.

 
   

Noticiero Taurino

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