Atras


A LA CUENTA DE SERGIO FLORES LA “OREJA DE ORO”
Por: Sergio Martín del Campo. R.
Fotografía del Autor
Fecha:
2017-04-16 22:35:40

Un público que hizo una entrada menor a la media plaza presenció la primera corrida del serial sanmarqueño. Diego Emilio, ya en las acciones, adquirió la borla de matador de toros con “Viñador” No. 85 de 523 kilos. Fue el primer astado de un encierro bien presentado de Santa Fe del Campo cuyo dueño remitió importante grupo de reses que en general se destacó por una lidia de nota alta, resaltando el sexto, que fuera el más completo por su calidad, casta y nobleza.

El primero fue aplaudido al aparecer en el redondel como pleitesía a su arrogante trapío, y al ser arrastrados únicamente al quinto lo sacaron entre el repudio global; los demás también recibieron el halago de las palmas por su buen juego.

Un craso error del juez fue que admitiera al mencionado corrido en el lugar de honor ya que era evidente su insignificante presencia. Vivo se le fue el sexto al nuevo doctor en tauromaquia práctica, y cuando las labores para retornarlo a las corraletas se daban el círculo, las palmas del respetable se hicieron sentir de manera fuerte en dedicatoria a tan buen ejemplar.

Un toro cabal, cuajado por todos lados fue el que correspondió al nuevo profesional en tauromaquia Diego Emilio (palmas tras aviso y pitos luego de los tres avisos). Su mayor virtud fue la calidad en sus embestidas, durante las cuales llevaba los belfos arrastrando por la húmeda arena. Por su sendero, el joven local ofreció actos aprobatorios en tan señalada tarde para él, protagonizando detalles excelentes por ambos cuernos, sin embargo, denunciando también su carencia de sitio y son, no logrando redondear un trasteo al que cerró fatigándose con el estoque.

Con mayor confianza en sí mismo salió al escenario a saludar estupendamente con el capote al sexto, un toro bajo y corto, pero bien armado con un par de guadañas en la testa.

Animoso y valiente se plantó el aguascalentense en el eje del redondel para entregar y entregarse en un variado quite y posteriormente realizar un quehacer muletero más que nada enjundioso en el que no faltaron algunos muletazos dignificados con largueza y temple; no obstante, por su natural inexperiencia, dejó de aprovechar cabalmente al estupendo toro, “Jimador”, No. 78 y de 511 kilogramos según pizarra, que como bravo que fue ofreció embestidas diáfanas, longitudinales y aptas para el toreo grande en las que llevaba la cabeza muy baja. Lamentablemente la suerte suprema se le transformó en una pesadilla dantesca y negra hasta ser castigado con los tres avisos.

Ignacio Garibay (vuelta al ruedo y silencio) recibió en los medios y de hinojos a los dos toros que compusieron su lote, suerte que le resultó frustrada por bárbaros arropones de los que por fortuna no sacó lesiones que lamentar.

Ya incorporado y teniendo a su primero en escena, de cada lance hizo un poema y de cada suerte en el quite un ejemplo de tersura, temple y fineza. Luego de comenzar su fase muletera con una serie en el centro del anillo y de hinojos, se dio a torear hasta dar modos a una faena interesante con muletazos templados y estéticos por ambos flancos, absorbiendo en el engaño la calidad, bravura y embestidas de calificada longitud de un toro de buena nota, pero al que pinchó en desgracia dos ocasiones antes de matarlo con tres cuartos de acero delanteros.

El segundo ofreció vértice a la faena, aunque con casta seca demandaba para que ésta se trasluciera. El talento del espada defeño, que nunca se aburrió en la cara del antagonista, fueron la paciencia y la obstinación, asunto que desembocó en que pudo integrar finalmente las mejores tandas, soportando las acometidas potentes del duro adversario al que pinchó varias ocasiones antes de que lo finiquitara de una media estocada trasera y caída.

El tlaxcalteca Sergio Flores (oreja y pitos tras aviso) está conectado con el éxito; trae sitio y amplia torería y ahora lo vino a demostrar a Aguascalientes con una faena variada llena de muletazos templados y de respetable extensión, haciéndole los honores a un toro con clase y nobleza que acabó sus días por la estocada contraria pero entregándose en el instante del embroque y a la que hubo de insertar un descabello.

Totalmente desafinado en tipo y cuajo resultó el quinto, un ungulado de mucho menor presencia que sus compañeros de partida al que el público repelió toda la tarde no aquilatando el esfuerzo y disposición del espada que, prudentemente, solucionó el mal asunto batallando con las armas.

 
   

Noticiero Taurino

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