Atras


HERMOSILLO DESTELLÓ EN LA TARDE
Por: Sergio Martín del Campo. R.
Fotografía del Autor
Fecha:
2017-04-09 21:30:21

Aún sin el corte de orejas, José María Hermosillo selló una tarde afortunada en la cual demostró diáfanamente que su persona se trata de un novillero contundente, con argumentos sólidos y que como consecuencia está educado taurinamente para, en su momento, concluir su carrera novilleril con un doctorado categórico.

Trato de la séptima función del episodio menor en el coso San Marcos cuyos tendidos caros se completaron mientras los cálidos apenas si se cubrieron en un cuarto de su espacio.

Para dar curso al evento, de la dehesa ojuelense de Fermín Rivera se desembarcaron cinco novillos con trapío, bien criados y de hermoso fenotipo, de los cuales destacaron los aparecidos en cuarto, quinto y sexto sitios, y uno del Grullo, liberado en tercer lugar, descastado y soso.

Al invadir el anillo los tres últimos, los aficionados batieron palmas en halago a su presencia.

Correcto, fino y pudiente se hizo marcar sobre el albero el espigado aspirante a los honores taurómacos José María Hermosillo (silencio tras aviso y al tercio), y con estas compactas pruebas se posó encima de un cuadrúpedo descastado y complejo que apenas iniciado el último tercio se amparó en las maderas. Aquella maraña fue resuelta sin apuros por parte del lidiador quien sin embargo no pudo matar sino al segundo viaje y con un espadazo defectuoso de lentas consecuencias.

De dulce fino fue la calidad de su segundo; acaso un punto rajado, embistió dejando un surco en la arena con los belfos. Y en ese nivel le toreó el chaval haciendo de cada pase una escultura al temple, a la cadencia y al son, ahí, en el tercio cabal, zona del escenario en donde las circunstancias indicaron que se realizara el toreo. Lamentablemente se apersonaron las incorrecciones a la hora de matar y lo que pudo ser el corte de dos orejas sufrió el retroceso a una comparecencia en el tercio.

Pocas ventanas al éxito ofreció el segundo bovino; dejaba estar, no obstante, pero el tapatío Alejandro Fernández (silencio y división de opiniones) en su particular acción hizo una labor volátil, desabrida y fría pese al empeño mostrado. Terminó su intrascendental paso de un antipático pinchazo seguido de media estocada caída y atravesada.

Su segundo, precioso de hechuras, dejó observar cualidades como para realizar mejores diligencias, empero la desconfianza con la que se movió en el círculo le impidió tajantemente cualquier posibilidad de triunfo. Ni son, ni ton, ni color ni sabor hubo en su insulso y tedioso número de esta tarde. Gracias a la suerte mató con cierta prontitud.

El utrero de El Grullo, venido a menos, estragado y flojo de carnes, dio un par de perfiles: de inicio demandó riña y terminó soseando. El ibérico “Toñete” (silencio tras aviso y palmas tras aviso) ante ello se vio apurado en una primera parte, pero paulatinamente, basándose en su férrea voluntad, se fue tomando confianza y enseñó buenas formas en una faena de calificación aprobatoria pero a la que no acertó concluir con decencia al empuñar el estoque.

Cerró la función uno de esos extraños ejemplares que reúnen finura en sus hechuras y bravura y nobleza en su comportamiento. Berrendo en castaño, facado, cinchado, bragado y calcetero de pelaje, era bajito, mejor que bien cortado y descolgado, se tragó el escenario con fijeza, codicia, casta, bravura, codicia y calidad, y aunque el peninsular se desenvolvió ante él sin vulgaridades, sus actos carecieron de sentimiento y profundidad y se envolvió en pedazos de hielo perdiendo la oportunidad de consagrase con el corte de los máximos trofeos; para eso se prestaba la res y sin premios sus despojos fueron llevados al desolladero mientras al público se le pasaba rendirle pleitesía con sus palmas cuando antes fue muerta de media estocada delantera y varios descabellos.

 
   

Noticiero Taurino

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